Capítulo 1. INICIAL

La arañita comenzó a vivir en el verano de 1987. César Hildebrandt me había llamado unas semanas atrás para que me encargase del suplemento “¡No!”, de la revista “Sí” que estaba por nacer. Carlos Maraví era el dueño de la publicación, el hombre que ponía la plata para un proyecto ambicioso: Tener una revista importante. Las oficinas estaban en el edificio de Capeco. Allí encontré a gente que conocía de otras aventuras periodísticas, como Ricardo Uceda, Toño Cisneros, Víctor Hurtado… Pero no conocía a la mayoría de reporteros, jóvenes, una nueva generación, chicas bonitas, y también jóvenes que bailaban al son de Los Prisioneros, como Oscar Malca, o veteranos fogueados en el periodismo de investigación como Edmundo Cruz. Hildebrandt estaba convocando a un equipazo, dispuesto a crear la mejor revista nacional. No era una tarea fácil, estaba la consolidada “Caretas” con su estilo ágil y su toque de creatividad y buen humor.
El suplemento “¡No!” era lo mío y Hildebrandt la concebía como un valor agregado, una revista dentro de otra revista. Convoqué a los mejores humoristas gráficos y literarios de entonces, mis amigos de “Monos y Monadas” y “El Idiota”, además de otros con peso propio. La mayoría de los dibujantes aceptó: Alonso Núñez, Darko Dovidjenko (Dare), Estuardo Núñez (Til), Pepe Sanmartín (PP), el pintor Juan Pastorelli, también Heduardo, que se retiró pronto (estaba en “Caretas”). No aceptó Carlín. Lorenzo Osores estaba en la China y no pude contactarlo. Entre los escritores estaban Rafo León (“Caín y Abel”), Fedor Larco (“Historia del Mundo y de los Peruanos”), Lucho Freire (“Hola Loco”), China Zöllner (“Miss Elania”), al comienzo Guillermo Giacosa.
El proyecto me pareció un desafío también en términos personales. Mis experiencias colectivas anteriores se habían dado en publicaciones de las que uno se sentía dueño, aunque en rigor no lo fuese: “Monos y Monadas”, “Marka”, “La Calle”, “El Diario de Marka”, “El Idiota”… Uno caminaba en sus locales como si fuera su casa. En “Sí” la empresa era de Maraví, a quien no veíamos con frecuencia ni era, claro, uno de los nuestros, sino un empresario exitoso. Esos guachimanes bien armados que cuidaban el local y a Hildebrandt tampoco eran de los nuestros, no los habíamos tenido jamás en los otros trabajos. La empresa Río Blanco, que editaba “Sí”, era una empresa capitalista y eso lo tomé como un reto, había que aprender a desempeñarse en ese marco.
Trabajar con César Hildebrandt, haciendo una revista de humor, no era fácil. Con el suplemento “¡No!” él tenía una relación en dos tiempos: Dejaba hacer, no se metía mientras lo elaborábamos, pero en cuanto se publicaba me llamaba a la dirección y atacaba sin piedad casi cada producto. Mi tarea era defender el trabajo de mi gente. Algunas veces me pedía que echara a tal o cual autor, a sabiendas que yo no aceptaría. La edición, felizmente, comenzaba en mi casa, donde nos reuníamos y de allí cada uno partía a trabajar en su casa. En la relación con Hildebrandt hubo muchos momentos tensos, pero, con todo lo dicho, nos dejó hacer y eso se agradece.
La Araña No debe su nombre al suplemento “¡No!”, del cual quise hacerla algo así como su emblema. Quería un personaje para esa función, pero no sabía qué sería, si un perro, gato, persona o cosa. Estaba en esas cuando una arañita, de las que llaman papamoscas, saltó entre los libros que tenía sobre el escritorio y decidí que estaba allí, sería una araña. La dibujé como una pelota negra con patas, más fácil no podía ser. Acordamos con Pepe Sanmartín que él utilizaría la figura de esta arañita en la diagramación y en viñetas de humor que aparecerían dispersas en la publicación. Yo la haría en historieta. Lo de PP duró cinco ediciones, mi historieta duró cuatro. Después la retomé y se extendió varios años.
La Araña No sobrevivió a la revista “Sí”, y aún al diario “El Mundo”, donde estuvo en 1995.  Las primeras aventuras se publicaron a razón de una página por semana, después subió a dos, y en “El Mundo” llegó a una página diaria. Puedo ver ahora cómo nació, en la casa de Pueblo Libre, de noche. Vi durmiendo a mis hijos Juan Francisco y Gabriel, partí de ese cariño, como si la hiciese para ellos cuando eran aún más niños…
La arañita comenzó a vivir en el verano de 1987. César Hildebrandt me había llamado unas semanas atrás para que me encargase del suplemento “¡No!”, de la revista “Sí” que estaba por nacer. Carlos Maraví era el dueño de la publicación, el hombre que ponía la plata para un proyecto ambicioso: Tener una revista importante. Las oficinas estaban en el edificio de Capeco. Allí encontré a gente que conocía de otras aventuras periodísticas, como Ricardo Uceda, Toño Cisneros, Víctor Hurtado… Pero no conocía a la mayoría de reporteros, una nueva generación, chicas bonitas, y también jóvenes que bailaban al son de Los Prisioneros, como Oscar Malca, o veteranos fogueados en el periodismo de investigación como Edmundo Cruz. Hildebrandt estaba convocando a un equipazo, dispuesto a crear la mejor revista nacional. No era una tarea fácil, estaba la consolidada “Caretas” con su estilo ágil y su toque de creatividad y buen humor.
Hildebrandt había concebido al suplemento “¡No!” como un valor agregado, una revista dentro de otra revista. Este suplemento era lo mío. Convoqué a los mejores humoristas gráficos y literarios de entonces, mis amigos de “Monos y Monadas” y “El Idiota”, además de otros con peso propio. La mayoría de los dibujantes aceptó: Alonso Núñez, Darko Dovidjenko (Dare), Estuardo Núñez (Til), Pepe Sanmartín (PP), el pintor Juan Pastorelli, también Heduardo, que se retiró pronto (estaba en “Caretas”). No aceptó Carlín. Lorenzo Osores estaba en la China y no pude contactarlo. Entre los escritores estaban Rafo León (“Caín y Abel”), Fedor Larco (“Historia del Mundo y de los Peruanos”), Lucho Freire (“Hola Loco”), China Zöllner (“Miss Elania”), al comienzo Guillermo Giacosa.
El proyecto me pareció un desafío también en términos personales. Mis experiencias colectivas anteriores se habían dado en publicaciones de las que uno se sentía dueño, aunque en rigor no lo fuese: “Monos y Monadas”, “Marka”, “La Calle”, “El Diario de Marka”, “El Idiota”… Uno caminaba en sus locales como si fuera su casa. En “Sí” la empresa era de Maraví, a quien no veíamos con frecuencia ni era, claro, uno de los nuestros, sino un empresario exitoso. Esos guachimanes bien armados que cuidaban el local y a Hildebrandt tampoco eran de los nuestros, no los habíamos tenido jamás en los otros trabajos. La empresa Río Blanco, que editaba “Sí”, era una empresa capitalista y eso me pareció interesante, había que aprender a desempeñarse en ese marco.
Trabajar con César Hildebrandt, haciendo una revista de humor, no era lo que se dice algo “ligth”. Con el suplemento “¡No!” él tenía una relación en dos tiempos: No se metía mientras lo elaborábamos, pero en cuanto se publicaba me llamaba a la dirección y atacaba sin piedad casi cada producto. Mi tarea era defender el trabajo de mi gente. La edición, felizmente, comenzaba lejos de la revista, nos reuníamos en mi casa y de allí cada uno partía a dibujar o escribir en su casa. En la relación con Hildebrandt hubo muchos momentos tensos, pero, con todo lo dicho, nos dejó hacer y eso se agradece.
La Araña No debe su nombre al suplemento “¡No!”. Quise un personaje que representara al suplemento, pero no sabía qué sería, si un perro, gato, persona o cosa. Estaba en esas cuando una arañita, de las que llaman papamoscas, saltó entre los libros que tenía sobre el escritorio y decidí que el personaje estaba allí, sería una araña. La dibujé como una pelota negra con patas, más fácil no podía ser. Acordamos con Pepe Sanmartín que él utilizaría la figura de esta arañita en la diagramación y en viñetas de humor que aparecerían dispersas en la publicación. Yo la haría en historieta. Lo de PP duró cinco ediciones, mi historieta duró cuatro. Después la retomé y se extendió varios años.
La Araña No sobrevivió a la revista “Sí”, y aún al diario “El Mundo”, donde estuvo en 1995.  Las primeras aventuras se publicaron a razón de una página por semana, después subió a dos, y en “El Mundo” llegó a una página diaria. Puedo recordar ahora cómo nació, en la casa de Pueblo Libre, de noche. Vi durmiendo a mis hijos Juan Francisco y Gabriel, partí de ese cariño, como si la hiciese para ellos y para muchos niños como ellos…

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“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 1; 23.2.1987

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“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 2; 2.3.1987

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“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 3; 9.3.1987

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“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 4; 16.3.1987

La arañita comenzó a vivir en el verano de 1987. César Hildebrandt me había llamado unas semanas atrás para que me encargase del suplemento “¡No!”, de la revista “Sí” que estaba por nacer. Carlos Maraví era el dueño de la publicación, el hombre que ponía la plata para un proyecto ambicioso: Tener una revista importante. Las oficinas estaban en el edificio de Capeco. Allí encontré a gente que conocía de otras aventuras periodísticas, como Ricardo Uceda, Toño Cisneros, Víctor Hurtado… Pero no conocía a la mayoría de reporteros, jóvenes, una nueva generación, chicas bonitas, y también jóvenes que bailaban al son de Los Prisioneros, como Oscar Malca, o veteranos fogueados en el periodismo de investigación como Edmundo Cruz. Hildebrandt estaba convocando a un equipazo, dispuesto a crear la mejor revista nacional. No era una tarea fácil, estaba la consolidada “Caretas” con su estilo ágil y su toque de creatividad y buen humor.
El suplemento “¡No!” era lo mío y Hildebrandt la concebía como un valor agregado, una revista dentro de otra revista. Convoqué a los mejores humoristas gráficos y literarios de entonces, mis amigos de “Monos y Monadas” y “El Idiota”, además de otros con peso propio. La mayoría de los dibujantes aceptó: Alonso Núñez, Darko Dovidjenko (Dare), Estuardo Núñez (Til), Pepe Sanmartín (PP), el pintor Juan Pastorelli, también Heduardo, que se retiró pronto (estaba en “Caretas”). No aceptó Carlín. Lorenzo Osores estaba en la China y no pude contactarlo. Entre los escritores estaban Rafo León (“Caín y Abel”), Fedor Larco (“Historia del Mundo y de los Peruanos”), Lucho Freire (“Hola Loco”), China Zöllner (“Miss Elania”), al comienzo Guillermo Giacosa.
El proyecto me pareció un desafío también en términos personales. Mis experiencias colectivas anteriores se habían dado en publicaciones de las que uno se sentía dueño, aunque en rigor no lo fuese: “Monos y Monadas”, “Marka”, “La Calle”, “El Diario de Marka”, “El Idiota”… Uno caminaba en sus locales como si fuera su casa. En “Sí” la empresa era de Maraví, a quien no veíamos con frecuencia ni era, claro, uno de los nuestros, sino un empresario exitoso. Esos guachimanes bien armados que cuidaban el local y a Hildebrandt tampoco eran de los nuestros, no los habíamos tenido jamás en los otros trabajos. La empresa Río Blanco, que editaba “Sí”, era una empresa capitalista y eso lo tomé como un reto, había que aprender a desempeñarse en ese marco.
Trabajar con César Hildebrandt, haciendo una revista de humor, no era fácil. Con el suplemento “¡No!” él tenía una relación en dos tiempos: Dejaba hacer, no se metía mientras lo elaborábamos, pero en cuanto se publicaba me llamaba a la dirección y atacaba sin piedad casi cada producto. Mi tarea era defender el trabajo de mi gente. Algunas veces me pedía que echara a tal o cual autor, a sabiendas que yo no aceptaría. La edición, felizmente, comenzaba en mi casa, donde nos reuníamos y de allí cada uno partía a trabajar en su casa. En la relación con Hildebrandt hubo muchos momentos tensos, pero, con todo lo dicho, nos dejó hacer y eso se agradece.
La Araña No debe su nombre al suplemento “¡No!”, del cual quise hacerla algo así como su emblema. Quería un personaje para esa función, pero no sabía qué sería, si un perro, gato, persona o cosa. Estaba en esas cuando una arañita, de las que llaman papamoscas, saltó entre los libros que tenía sobre el escritorio y decidí que estaba allí, sería una araña. La dibujé como una pelota negra con patas, más fácil no podía ser. Acordamos con Pepe Sanmartín que él utilizaría la figura de esta arañita en la diagramación y en viñetas de humor que aparecerían dispersas en la publicación. Yo la haría en historieta. Lo de PP duró cinco ediciones, mi historieta duró cuatro. Después la retomé y se extendió varios años.
La Araña No sobrevivió a la revista “Sí”, y aún al diario “El Mundo”, donde estuvo en 1995.  Las primeras aventuras se publicaron a razón de una página por semana, después subió a dos, y en “El Mundo” llegó a una página diaria. Puedo ver ahora cómo nació, en la casa de Pueblo Libre, de noche. Vi durmiendo a mis hijos Juan Francisco y Gabriel, partí de ese cariño, como si la hiciese para ellos cuando eran aún más niños…
Ahora veamos a la Araña No en la inspiración de Pepe Sanmartín. Juguetona, como en los encabezados de la historieta inicial, pero descalza y sin guantes, sintiendo el ambiente…
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“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 1; 23.2.1987
LAN-de-PP-Sn-Mn-NO-020387
“¡No!”, suplemento de la revista “Sí”, Nº 2; 2.3.1987

9 comentarios

  • solamente decir que es realmente exquisito leer y releer la Araña No, y gracias por extenderte en la explicación de la revista No y lo de la arañita en el libro.

    Felicidades por enésima vez, no dejo de celebrar la reaparición de la Araña No en mi vida.

    Saludos a todos los arácnidos y artrópodos quelicerados amigos de la Araña….sin olbidar a tobos los Rovin hesperando su hoportunida en la bida.

  • Que bien Juan, permite tomar el texto y las imagenes para avisar que también llego la Araña No a tu pagina web.
    Abrazos
    Javier

  • Amigos, no iba a escribir aún, pero su afecto tiene su efecto y me sacan de mis casillas. Allí voy.

    Juan Luis, yo no sé si los lectores de la Araña sean muchos, pero tu calidad de lector es lo que mantiene vivo a cualquier autor. Creo que hay personajes que salen de la pluma de uno, pero que existen antes que uno, que están como en el aire y uno tiende la mano o la mirada y ellos por allí entran y pasan luego al papel. A mis personajes yo me quedo mirándolos, tienen vida propia. A propósito, la Araña No concedió fue entrevistada recientemente por la revista Dedomedio. Voy a poner eso por algún lugar en el blog.

    Javier, os pasásteis. Gracias por la difusión en el visitadísimo blog LaNuez. Como ese capítulo es de sólo 4 páginas, lo puse completo, pero en los siguientes tendré que hacer una antología. Como tú eres animador, me surge la asociación de cómo sería la Araña No animada. Así paso los días, en especial los sábados como hoy, ensoñando. Hay tanto que se podría hacer. Hoy, por ejemplo, la Araña iría con Rovin a averiguar qué está pasando en Bagua, se repartirían uno a la casa de un indígena y otro a la casa de un policía, ambos asesinados, para desde sus familias plantearse el tema de la vida en la selva y en otros lugares del Perú, y la mirada burda de un Estado que, desde varios gobiernos atrás, se sigue mostrando incapaz de gobernar para todos los peruanos (de verdad, no usando esa idea para servir a ciertos empresarios).

    Perdonen el rollo, miro al cielo gris y luminoso, y brotan historias de ficción y realidad.

  • Realmente no estaría nada mal tener una serie de aventuras con la Araña NO de protagonista, quizas en formatos (y divago un poco) de un minuto a tres con continuara, o websodios (o sea animaciones para la web de cinco minutos), me interesa podríamos empezar probando con un piloto.
    Saludos
    Javier

  • Podría ser lo máximo, Javier. Ya charlaremos, ahora alucino, muchas gracias.

  • juan!! eres lo maximo tengo 25 años y me acuerdo cuando era pequeño me leia tus historietas de las revistas que guardaba mi papa en una caja, si es que no me falla la memoria habia unos capitulos del cuy cuando viajaban al futuro??? esos capitulos cuelgalos por favor!!!!

  • Juan:

    El suplemento “No” marcó una época de descubrimientos para mí. Como niño de entonces y aficionado a las historietas, descubrir una historieta contextualizada en plena Lima ochentera, donde teníamos a “No”, a “Rovin” y al pequeño Torito presenciando atentados terrotistas; al Cuy y a Humberto viajando al pasado en contacto con los Cro – Magnon y los Neanderthal, me hace sentir una enorme nostalgia.

    Agradecería, si se puede, compartir algunas imágenes donde también se incluya a Rovin.

    Un abrazo,

    Iván

    Luego de hojear las impactantes notas del Semanario “Sí”, llegar al Suplemento “No” era

  • Felicitaciones Juan!! yo me compré el libro y normal que ahora tenga la mayor difusión posible, compré uno de los últimos números así que lo conservaré con mucho aprecio, aparte que cuenta con tu firma que me la diste el día que presentaste Ciudad de Reyes en la Feria del Libro, un abrazo afectuoso y sigue publicando.

    Alguien por ahí tendrá los números de la revista No? yo tenía mi colección de los primeros números y un día de furia mis padres limpiaron mi cuarto allá por los 90’s y desaparecieron, ahora cada ves que voy a hacer mis compras de libros y revistas viejas por el centro de Lima siempre pregunto por esa revista con la esparanza de volverla a recuperar, en el camino he comprado varios números de Monos y Monadas de los 70’s y 80’s de los que en su momento sólo apreciaba las portadas, de ahí me nació el gusto por el humor político, algo que mi querida y futura esposa Giovana no comprende, sobretodo desde que le enseñé una portada clásica de Monos donde un par de policías han capturado una “Bala Perdida” y tienen a Miguel Bosé entre ellos, Mi amor es hincha de Bosé y eso la hizo molestarse un poco y alejarse un poco de ese tipo de humor, sin embargo el día de la presentación de Ciudad de Reyes quedó impresionada con tu exposición, le encantó tu libro y en casa se rió con la Araña No. Esta semana estamos peleados por una estupidez que yo hice pero confío poder arreglar las cosas, saludos a todos los fanáticos de las historietas!!.

  • Gracias Juan por darnos de nuevo la oportunidad de encontrarnos con la Araña No y toda tu obra, léase el Cuy, Love Story, hasta los publicherrys… descubrí tu obra en la revista No! de niño, hurgando la habitación llena de revistas de mi tío, arrancando literalmente la revista No!, lo que me llevó hasta a encontrar algunas revistas del Idiota Ilustrado. Te doy las gracias por alegrar mi infancia y despertar así mi gusto por la historieta y el arte en general.


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