Qué días

p 48 A

Llovió todas la noche. Tuve que salir a Barranco donde un pata que había encontrado un ejemplar de “Luchín González” (el Nº 3) que yo ya no tenía y que necesito para la exposición. Ahora resulta que la adelantaron. ¡Emoción! ¡Angustia! ¡Suspenso! Y algo de resfrío, para que no me la lleve fácil. Como si lo fuese. No me queda más que seguir, casi como el personaje de esta historieta (que me dio pena tener que cortar para su mirada aquí, porque si la presento a página entera salen muy pequeños los textos)…

 

(Publicado inicialmente en “Monos & Monadas”, el 14 de agosto de 1980. Cf. “Pobre Diablo y otros cuentos”, pp. 48-49, editado por Francisco Campodónico, 1999. y Contracultura, 2015)

p 48 B

p 49 a

p 49 b

4 comentarios

Archivado bajo El Diario del Cuy

4 Respuestas a “Qué días

  1. El enano sueña y en su sueño, es un enano sin complejos.

    Una vez iba montado en un burro subiendo una empinada cuesta con rumbo a la tierra donde nací. No me explicaba por qué era más seguro ascender la ladera con el cuerpo inclinado hacia el abismo.

    Saludos

  2. ¿Subir la cuesta inclinado hacia el abismo? Esa no me la sabía, Baterillero. ¿Estás seguro? El burro supongo que haría lo contrario y le estabas dando el doble de trabajo

  3. Hola Juan

    Mi mamá me llevaba a la tierra de mis orígenes. Yo tenía ocho años. Subíamos por una escarpado sendero. Yo iba en un burro, el cual tenía la costumbre de pegarse hacia el abismo y la visión de lo profundo me aterraba, entonces yo inclinaba el cuerpo hacia el lado opuesto. Quien iba de guía se percató y me dijo: “inclina el cuerpo un poquito hacia el abismo…” y como reacción ocurrió que el burro se alejó del filo del sendero.

    Yo no pesaba mucho, así que era carga ligera para el jumento.

    Han pasado tantos años, que quizás evoque con confusión el hecho.

    Saludos

  4. Ah, claro, aunque poca tu carga de entonces, el burro sintió que era mayor el peligro y se alejó del mismo. ¡Inteligente la solución del guía! Se asemeja a esa manera de enseñar a un niño ante el peligro o algo feo acercándole la cara al mismo, en el chico se producía de inmediato una reacción de resistencia y quedaba escarmentado. Un poquito toscas, pero efectivas eran algunas maneras de enseñar “a la antigua” (la vaina es cuando se pasaban con los castigos corporales).

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