Los niños invisibles en La Victoria (siglo XX) [por juan. 3 de 12]

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6 comentarios

de | agosto 25, 2014 · 5:00 am

6 Respuestas a “Los niños invisibles en La Victoria (siglo XX) [por juan. 3 de 12]

  1. Oswaldo Chacho D'Acevedo

    Me interesa mucho esta historia. Cuando universitario (mis primeros años en Lima) fui un hombre callejero. Tuve la suerte de poder contar con un carro, y, además de estudiar, me dedique a conocer Lima. Viví diez años en Lima, a la conocí bien. Me considero (ya lo dije antes) limeño (la quiero mucho), pero uno de los tabúes era Tacora. Creo haber estado ahí una vez y tal vez solo en la periferia. La leyenda urbana decía que era zona prohibida y como tal la tomé. Hasta ahora me queda la curiosidad de cuánto había de mito y cuánto de vedad.

    Dime, Juan, ¿fue así de violento, como lo muestras en estas gráficas?

  2. La Necia

    la zona de tacora era el sitio en donde podías comprar de todo a precio ridículo porque todos sabían que era el lugar en donde los rateros o recicladores de lo robado ofrecían su mercancía. no te asaltaban ahi, (se supone que eras el cliente) podías recorrer el lugar tranquilo, revisando todo

    por lo general los dueños de las cosas robadas iban a tacora -o su sucursal tacorita- para recuperar las propiedades (comprándolas) y la mayoría lo hacía sin decir nada. en una ocasión escuché a álguien decir que “felizmente lo encontré en tacora porque si los policías los chapaban antes, no lo volvía a ver”. creo que no cambió mucho la cosa

    yo estuve en ese plan en una oportunidad pero me acompañé de álguien que no estaba tan caído del palto como el cuy sinó que tenía cierta autoridad sobre los rateros, algo así como uno de esos con los que no se meten y con sus amigos tampoco. me dijo, “ya necia, cheka tranquila, en cuanto encuentres tus cosas, me avisas, no les digas nada a los vendedores” así hice. al rato, nos trajeron todo lo que yo había apuntado y nos fuimos de ahí como llegamos: tranquilos. por supuesto, no me cobraron. de paso me conocieron y ya sabían que conmigo suave camay nomás. amiga de los amigos: amiga

  3. Hola

    Yo si la recorrí más de una vez. Y es bravo el sitio, así seas cliente. La casa no se responsabiliza por lo que te pueda pasar.

    El sitio era y es bravo (lo que queda), sea que entraras por 28 de Julio o si lo hacías por Grau.

    Yo allí buscaba televisores y radios de tubos. Les sacaba los tubos y los parlantes. Era el tiempo en que me dedicaba a arreglar radios. Ahora me lamento, ya que debí guardarme todo el artefacto y hacerlo funcionar así.

    El mayor reto, era salir con la especies compradas, sean herramientas, radios o libros.

    necia: Tu dices los llaman invisibles, pero se ven. El caso es que quizás sea una metáfora. La miseria no es invisible, sin embrago los gobiernos pasan y es muy poco lo que hacen, para ellos es invisible. El tema de un sistema de salud que alcanze con decoro para toda la ciudadanía es otro tanto. Van ya más de 100 días de huelga médica, tal parece que la única que lo califica de invisible es la ministra de salud.

    Recuerdo a Garabombo, el Invisible, personaje de Manuel Scorza. El reclamaba y reclamaba, no obstante ninguna autoridad lo veía.

    Saludos

  4. Muy buena, categórica, la explicación del Baterillero: Tal era el sentido de la invisibilidad, que estoy seguro que Necia entiende, pero quiere mantener su rol de provocadora en el blog. Cuando lo usó Scorza no era tan difundida esa acepción de invisibilidad como lo fue en los años 90 y siguientes en los artículos de las ONG feministas, defensoras de los Derechos del Niño, Poblaciones Indígenas, etc. Los gobiernos y la sociedad parecía que no veían esos problemas, para ellos “no existían”.

    Chacho, era así de violento y mucho más si uno se adentraba a la vida en los callejones. Fui varias veces en etapas distintas de mi vida, primero a curiosear con los patas de mi barrio (Pueblo Libre), después con mis amigos de Artes Plásticas, para encontrar objetos fascinantes, algunos de los cuales podíamos comprar, y después a buscar algo que podía necesitar. Nunca fui solo, no era aconsejable, y aun así un día casi me roban. Los cacos estaban entre la gente, te estaban tasando desde que llegabas, y como dice Carlos, por donde llegaras.

    En cuanto a esta historieta tiene algo de imaginación, pero está basada en historias reales que me contaron niños de la calle en La Parada, el Cerro San Cosme y el Cerro El Pino. El otro día en Facebook apareció entre los comentarios una chica que se acordaba de mí en esas visitas y me emocionó su reaparición, pues entonces era una niñita. Más adelante publicaremos también aquí esas historietas.

  5. La Necia

    pues el baterillero iba solo, así no se entra a sitios como tacora. la salida era la cosa, por lo general ahí estaban, preparados para lanzarse sobre los “puntos” pero los rateros no te robaban dentro; hacerlo era meterse con los rateros mayores que los podían mandar al otro barrio en un segundo

    los niños de los que hablas tenían la opción de ganarse el pan en el mercado mayorista sin meterse a pirañas. ustedes piensan que no, pero así es

    algunos, los que son hijos de delincuentes, no tienen escapatoria, siguen los pasos de sus padres. supe de un famoso delincuente que de niño era obligado por la abuela a ir a robar para poder comer. eso sigue pasando

  6. Oswaldo Chacho D'Acevedo

    Podemos recordar también a La palabra del mudo, de J.R. Ribeyro. El título es precisamente dar voz a los “invisibles” (mudos los llama él). Tal vez el epónimo de ese concepto sean los dos hermanitos de Los gallinazos sin pluma.

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