En el Siglo XXV d. C. [por juan. 34 de 60]

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Publicada en el suplemento “¡No!”, de la revista “Sí”, desde el 21 de diciembre de 1987 hasta el 8 de agosto de 1988.

4 comentarios

Archivado bajo El Diario del Cuy

4 Respuestas a “En el Siglo XXV d. C. [por juan. 34 de 60]

  1. La Necia

    pero qué cuy para ordinario! no sólamente no sabe que hay que agradecer por los favores recibidos sinó que encima ni siquiera quiere agradecer después que le han salvado la vida! cuy adefesio! ¿qué has aprendido en todo este tiempo? ay pero qué suerte tienes que no estoy ahí en estos momentos porque vieras el tremendo cocacho que te meto en la cabeza! jum!

    y ahora… sida dizqué en la computadora! ay juanito! pero sí que me tomas desprevenida. leer estas tiras me imponen un reto mental para el que me preparo de antemano

    y ahora viene el reto de saber cómo se puede empeorar la enfermedad de la paciente, ¿qué le harán? ¿cómo lograrán acercarse a ella? ta ta ta tan! a ganarle al baterillero mañana y enterarse de los acontecimientos!

  2. Californiano

    En esos años, se hablaba bastante del sida, especialmente en la TV. Justamente en 1988, año en que grabaron el álbum The Miracle, Freddie Mercury ya había sido diagnosticado con el sida (hubieron rumores pero no fue oficial hasta 1991).

  3. Hola necia, hola Californiano

    necia, necia. Estimada y nunca bien ponderada amiga. Cuyera hermana, y fraternal seguidora de El CUY. Pues no te descuides puedo ser mas mañanero que tu.

    Leyendo lo del SIDA CIBERNÉTICO, me recordé del “resfrio” que se propuso como solución para eliminar el escudo protector que poseían las naves invasoras en la película: Día de Independencia.

    Ver al Zorrito agradeciendo a la montaña, me trae a la memoria a mi amigo Victor, un doctor de mas de ochenta años, que a la fecha continúa en sus salidas mochileras. Una vez regresaba de la base del Alpamayo en Caraz. Nos topamos en el camino con un riachuelo muy ancho. Imposible cruzarlo con las botas puestas. Nos sacamos los zapatos. El me dijo cruza, a unos cuantos pasos, desistí y volví. El agua estaba helada y mis pies se amorataban. Victor me dijo, hay que agradecer a la piedra. Puse las manos sobre una roca y traté de imitar lo que el hacía. Luego pude cruzar el cauce del rio.

    Saludos

  4. La Necia

    hum… pues si, tú tienes dos horas de ventaja sobre mí, pero no te descuides, que tal vez no seré madrugadora, pero sí desvelada y con eso, fácil que de me venga de boleto para donde el cuy antes de irme a la cama y te gano! lero, lero!

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