El Cuy Periolito [por juan. 10, 11 y 12]

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Publicada por el proyecto Periolibros en una veintena de diarios de Latinoamérica, España, Portugal, Canadá y EEUU, en octubre de 1994.

Es más trabajo estar escaneando de tres en tres para un solo día, pero lo hago con gusto: Con estas tiras estamos redondeando, terminando, el ciclo de lo que fue la tira del Cuy para los lectores de este blog. Ya saben que estas tiras pertenecen al grupo de las tiras por encargo y que nunca antes se vieron en el Perú.

Voy a cortar camino, veremos algunas muestras más y entonces podremos hacer un balance somero de lo que ha sido la vida del Cuy.

Al ser tiras por encargo, no las incluimos en la antología que compone el libro “El Cuy Tira”. En cambio, sí incluimos allí las tiras del Cuy en el mundo virtual, que dieron nacimiento a este blog desde setiembre de 2005.

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Publicada por el proyecto Periolibros, en octubre de 1994.

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Publicada por el proyecto Periolibros, en octubre de 1994.

9 comentarios

Archivado bajo El Diario del Cuy

9 Respuestas a “El Cuy Periolito [por juan. 10, 11 y 12]

  1. Lo que sigue es un texto recuperado de:
    Manuel Scorza, Testimonio de vida, 80 años de su nacimiento. Conversación con Roland Forgues y Gregorio Martínez. Paris, 1983. Publicada en 1986. Revista literaria Azul@rte, 6 de setiembre de 2008. Recuperado de: http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2008/09/roland-forguesmanuel-scorza-testimonio.html

    El futuro editor en un puesto de periódicos
    Después de un tiempo, que para mí es una eternidad, volvimos a Lima. Mi padre había decidido regresar a Lima. Intenta una serie de actividades para sobrevivir: hace lo que hace toda la gente pobre para sobrevivir. Creo que a eso no puede llamársele negocio. Tiene un puesto de periódicos, y ahí es cuando voy a tener mi primer contacto con la lectura. En el puesto de periódicos voy a leer los diarios, las revistas, y especialmente una revista que para mí es muy importante, y que lo fue también para la gente de mi generación. Me refiero a la revista argentina Leoplan, que traía historias, resúmenes de novelas, y que yo leía constantemente.

    Era un puesto de periódicos ubicado en el distrito La Victoria. Por ahí cerca me matricularon en un centro escolar, en ese barrio de gente pobre, y me fue muy mal. No sé por qué razón una profesora me tomó como un caso perdido de estupidez y falta de inteligencia, hasta el punto de que, automáticamente, cada día que yo entraba a clases me daba un palmetazo. Hoy veo las resonancias que este hecho deben haber tenido en la mentalidad de un niño. Esa especie de complejo de inferioridad que empecinadamente me quería imponer. No sé qué podía haber ocurrido, qué fuerza oculta empujaba a la profesora para que actuara así conmigo. Ni siquiera podía decir que yo no sabía la tabla de multiplicar o que era un bruto de remate, porque yo era un niño aplicado y formal, excesivamente formal, porque mi padre era muy severo. Bueno, pero el tiempo iba a desmentir que yo era un idiota

    Esto no quiere decir que en mi infancia todo haya sido tristeza. No, no. Yo también, de alguna manera, era un privilegiado. Porque ahí donde la profesora me consideraba un idiota, yo tenia el privilegio de disfrutar de revistas ansiadas por todos los niños, que eran muy pobres y no podían darse el lujo de comprarlas. Entonces, en la escuela, por un lado era considerado un retardado mental por la profesora, pero por otro lado era adulado y buscado y había que ser simpático conmigo para poder leer Pif-paf. Esto me daba una enorme situación de privilegio, pues yo disponía de un tremendo stock de revistas que eran ambicionadas por esos niños, para quienes normalmente resultaban inalcanzables. Yo tenía que cuidarme, claro, de mi padre que era muy severo, y siempre algunas revistas resultaban irremediablemente estropeadas. Eran revistas inaccesibles para esos niños tan pobres. Una revista como Billiken, por ejemplo, era muy cara.

    Digo esto porque a veces uno tiende a dramatizar. La vida tiene, pues, dos lados. Ni siquiera en la prisión vamos a decir que todo es negro.

    Yo no sé si esta experiencia que viví en mi infancia, en el puesto de periódicos de mi padre, tuvo que ver posteriormente con mi actividad de editor, tan discutida por los intelectuales del Perú. Con el paso de los años, yo mismo me he asombrado de las ediciones populares que hice, (Festivales del Libro y Populibros Peruanos), de esos tirajes masivos, porque en realidad, y esto ya está probado, para ganar dinero no necesitaba hacer ediciones populares, sino más bien ediciones caras, esto lo sabe cualquier editor avisado.

    Pero yo arriesgué publicando centenares de miles de libros en un país donde se decía que al pueblo no le interesaban los libros. Y es que entonces yo creía, y sigo creyendo, que un proyecto editorial debe tener un objetivo social. No hay que olvidar que yo fui uno de los primeros en publicar a José Carlos Mariátegui y a José Martí en el Perú. Los autores que aparecieron en esos Festivales del Libro fueron clásicos peruanos: González Prada, César Vallejo, Mariátegui. Me sirvió mucho el haber estado en México, deportado por la dictadura del general Odria, porque ahí puede ver la influencia inmensa que los libros de José Vasconcelos tuvieron en la identificación de los mexicanos con su cultura popular, con sus valores nacionales.

    Creo que lo que me impulsó a lanzar las ediciones populares fue mi convencimiento de que existía una terrible calumnia contra el pueblo, contra su capacidad y sensibilidad frente al arte y la literatura. Se decía que al pueblo no le interesaban los libros. Y yo sabía, por mi propia experiencia, que no había leído libros porque no tenía capacidad económica para comprarlos, pero no porque no me interesaran. Yo creo que en América Latina, de poder venderse libros, se pueden vender millones si los Gobiernos hicieran algo por apoyar estas campañas. Claro que, por otro lado, vemos que la propia gente de izquierda afirma que el pueblo no quiere comprar libros. No es que no quiera, el caso real es que no puede.

  2. La Necia

    gracias por compartir, orlando. grande, scorza!

    el caso es que la gente ya no piensa asi. tuve un sueño, quise niños leyendo y comprendiendo lo que leian, inicie un proyecto pero necesitaba socios para llevar el sueño a la realidad. los socios se entusiasmaron pero luego, ni a las juntas asistian. total: nada aún. pero no desisto. ya lo conseguire un dia. nomás falta gente combativa que quiera hacer una diferencia en la vida de los chicos. quien sabe, la gente del barrio pueda ayudarme. quien sabe!

  3. Oswaldo Chacho D'Acevedo

    Llego a Atlanta y abro el blog y veo esta entrada sobre Manuel Scorza. No diré más palabra; Manuel lo ha dicho todo y me da fuerzas para comenzar.

  4. Gracias, Orlando, por traernos este testimonio de Manuel Scorza, muy oportuno para lo que estamos viendo. Gracias, desde luego, a Manuel Scorza, donde esté. Lo conocí poco y me hizo reír de buena gana, era muy inteligente y muy rápido de palabra e imaginación. Reitero, como para poner en la pared y verlo con frecuencia, esta línea sacada de este texto: (…) a veces uno tiende a dramatizar. La vida tiene, pues, dos lados. Ni siquiera en la prisión vamos a decir que todo es negro.

  5. Hola necia

    Juntémonos entonces tu y yo… aunque la distancia lo complique.

    Es que también tengo un proyecto de impulso a la lectura. Seleccioné libros y revistas de los míos, los forré y dispuse de una carreta para llevarlos a un parque cerca de mi casa. Me faltó el impulso final. Me dije: van a comentar, ¿y para que hace eso?

    Saludos

  6. La Necia

    si. empecemos por saber quienes realmente quieren hacer algo

    en el proyecto, tuve que elegir y fui en busca de los elegidos: todos aceptaron pero luego se vio que no tenian ganas. al final, ya ni las juntas se realizaban y como llegaba el tiempo en que se debia llevar a cabo las actividades, trataron de hacer todo a la volada y no pues, asi no es la cosa. los niños se merecen nuestro respeto. les dije gracias y que vuelvan nomás a su rutina diaria

    hasta hoy voy buscando ese grupo. ahora ya se: el carlitos quiere de corazón. hay un par por ahi tambien. marco, ya se sabe que se encarga de la publicidad, los posters, esas cosas. es más: ya hizo dos hermosos posters para primaria y secundaria que podemos usarlos. faltan más colaboradores. no se que puedo hacer, ¿poner un anuncio en el periódico? ¿tipo periolito, pidiendo voluntarios o algo asi? ufa! la cosa es empezar a reunir ese grupo!

  7. La Necia

    carlitos, la idea que tuviste de llevar la carreta llena de libros a regalar, es parecida a la que iniciaron hace tiempo un grupo de intelectuales, entre los que se hallaba nicolás yerovi. no recuerdo como se llamaba el proyecto, libro libre o algo asi, pero se trataba de compartir libros, pidiendo a los que se llevaban los libros que no se quedaran con ellos sino que los compartieran a su vez con otras personas

    quien sabe la próxima reunión de los cuyeros pudiera ser en una plaza, con un cartel de “se regalan libros” y pidiendo a los que quieran llevarse los libros que los compartan a su vez, dejarles una dirección electrónica para que nos hagan saber su opinión del libro y a quien se lo dieron, con la misma consigna de compartir y dejar saber que pasó, para saber si realmente funciona el proyecto

    creo que se pueden hacer muchas otras cosas más

  8. Serenata

    Ibamos a vivir toda la vida juntos.
    Ibamos a morir toda la muerte juntos.
    Adiós.

    No sé si sabes lo que quiere decir adiós.
    Adiós quiere decir ya no mirarse nunca,
    vivir entre otras gentes,
    reírse de otras cosas,
    morirse de otras penas.
    Adiós es separarse ¿ entiendes ?, separarse,
    olvidando, como traje inútil, la juventud.

    ! Ibamos a hacer tantas cosas juntos !
    Ahora tenemos otras citas.
    Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes.
    La lluvia que te moja me deja seco a mí.
    Está bien: adiós.
    Contra el viento el poeta nada puede.

    A la hora en que parten los adioses,
    el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas
    que vuelen sin cesar sobre tu sueño.

  9. Leonor, qué maravilla, gracias por el poema de Manuel Scorza, muy a propósito de esta entrada, y en la bella interpretación de Tania Libertad. Qué momento. La melodía también es preciosa. La guitarra, imagino que es de Félix Casaverde. No sé cuándo la grabaron, pero, ya digo, qué momento, gracias por traernos a tan buenos amigos, qué serenata…

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