Sierra

maestra-sierra

Cuando era niño, íbamos todos los años a Trujillo, para estar con los parientes por el lado de mi papá, y de allí a la sierra, a Chanchacap, donde estaban mis abuelitos, Delidonio y Clara. Es más, con ellos me quedé en una oportunidad, cuando tenía cuatro años. Debió ser por uno o dos meses, que me parecieron un año. Allí yo jugaba con un niño llamado Shunsho, cuyo nombre en verdad era Asunción, o me iba solo a vagar por los cerros.

Tuve muchas aventuras en Chanchacap, pero ninguna como la vez que fui con Shunsho a ver unos pajaritos que él tenía detectados a un par de kilómetros del puente. Entonces yo tenía 7 años. Al pie de ese árbol inmenso, vi la habilidad con que Shunsho llegó hasta el nido y no entendí porque parecía llorar cuando lo tomó entre sus manos. Era por emoción, la ternura de un niño serrano ante los pajaritos recién nacidos. Cuando regresábamos, regresó también la madre de los pichones,  revoloteando a gritos sobre nosotros. Pensé que estaba muy mal eso de robarle a sus hijos, pero yo no había decidido nada allí, era un cómplice por omisión de alias “Shunsho”, ese delincuente de 8 años. En eso se desató un temporal, el día se oscureció y las centellas mostraban de pronto cerros y quebradas, mientras corríamos cuesta abajo y yo pensaba que Dios nos podía castigar enviándonos un rayo que nos calcinara, para que nos sirviese de escarmiento.

Tempestad en los andes. Al llegar al puente, todo el pueblo nos esperaba bajo los aleros de las casas. Vi que mi papá cruzó a la carrera con una manta, y en un santiamén me envolvió con ella y me llevó en brazos, mientras mi tía Blanca Horna nos alcanzó diciéndole “¡Capitán, recuerde su promesa!”, y se volvía a mí, sonriente: “¡No te van a castigar!”  Lo que siguió fue una pulmonía de Padre y Señor mío, que me tumbó en cama por una semana. A diario me visitaba la buena tía aquella, que me aplicaba unos emplastos de barro y no sé qué plantas, que me quitaron la fiebre, y, lo más importante, me llevaba entre 6 a 8 historietas, que yo devoraba hasta el día siguiente en que se renovaba la dotación. La Zorra y el Cuervo, El Conejo de la Suerte, El Llanero Solitario, La Pequeña Lulú, Red Ryder, Tarzán, Vidas Ejemplares… Fue la enfermada más feliz de mi vida.

Hasta los 11 años seguí yendo a la Sierra un mes cada verano. A los 12 me rebelé, para seguir de largo mis vacaciones con mis amigos de barrio en Pueblo Libre. Ahora sé que le debo mucho a los cerros, a las chacras, a ese cielo y esos ríos. Conozco gente a la que le falta calle, y otros a los que les falta cerros.

19 comentarios

Archivado bajo El Diario del Cuy

19 Respuestas a “Sierra

  1. Biyu

    Don Juan, gracias por hacer esta tira. Gracias en general por el cuy… pucha, no sé como decirlo, es la primera vez que veo el tema tratado así [a pesar de tener 21 y todo eso…] Continúe con la historieta! : )

    P. D: La zorra y el cuervo son lo máximo :3 En una caja en la casa de mis abuelos encontré la colección de historietas de uno de mis tíos y fui terriblemente feliz.

  2. Hola Don Juan

    Hace algún tiempo leí las reflexiones de un sacerdote: Hector de Cárdenas. Decía, que hay alguien que no usa ojotas ni sombrero. Que se parece a esos altos cerros de la sierra, que uno trepa solo para descubir, que de la cima, se ve otro cerro, aún mas alto…y como si todo eso no fuera suficiente, a los elegidos de su amor, los ama como serrano…Dios es serrano.

    Mi mamá me llevó a la sierra por primera vez a la edad de 7 años….nos llevó mas de dos días llegar al publecito de nombre: Cochabamba en Huánuco. Venticuatro horas en bus y luego unas cuatro horas en burro…había que subir una cuesta muy empinada para llegar al pueblo.

    La noche que llegué, pude ver las estrellas, apelotonadas como racimos en el cielo. Puede oir el cantar del rio y el sonido del viento. Que diferencia con nuestra caótica y horrísona ciudad…Lima, nos agrede…perdón…los limeños la hacemos así. Jamás entenderé la necesidad de tocar el claxón para indicar al que va adelante de que se está apurado…siento que el bocinazo, es como mentarle la madre tanto al otro chofer como al que va de a pie.

    Escribí sobre la noche de estrellas y el cantar del rio…y ya me dieron ganas de ir a Cochabamba, lugar a donde no he vuelto desde esa ocasión. Tengo aquí un buen propósito para este venidero 2009.

    Perdón Don Juan por lo largo y personal del comentario. Uno expresa lo que siente y los dedos se van solos sobre el teclado y no hay cuando parar…felizmente, todavía no se inventa la máquina que pueda servir para leer el pensamiento…en realidad, ya hay el medio que permite leer el pensamineto del otro, pero este está vedado, para los que piensan solo en máquinas. El medio se llama AMOR.

    Saludos
    Carlos el baterillero

  3. Estimado Juan,

    Ximena, de quien emerge la vocación maternal con titito y valeria sofía (su primera sobrina), ha hecho que me encante con el diario del cuy. Últimamente vengo solo pues la historia de Anita llama mucho mi atención.

    Estoy aprendiendo a detenerme y leer el texto que acompaña la historia. Quedé encantado con la oración final: “…Conozco gente a la que le falta calle, y otros a los que les falta cerros…” Me recuerda a tanto decisor que nunca manchó sus zapatos para dictar como debe ser el “desarrollo” de los “otros”. También a muchos pre profesionales en las mismas condiciones.

    Puedo agregar que también a muchos les falta monte, río, chacra, arenal para tomarse las atribuciones que se toman por nosotros y los otros.

    Podría extenderme contando que mi padre también nos lleva una vez al año a Trujillo a ver a la familia, justo en estas epocas. Que mis aventuras no fueron entre cerros, pero si en el hospital donde trabaja, entre pacientes psiquiatricos y sus familiares. Y que es ahí donde aprendí lo que son las condiciones extremas. Hoy también quieren vender ese hospital.

    Un abrazo enorme. Un placer empezar a seguirte.

    Y gracias Xime por traerme.

    Nicolás

  4. Biyú, bienvenido, eres de la nueva generación de amigos del Cuy, esto me alegra mucho. El tema no es fácil, pero es tiempo de tratar de esta herida del Perú, y lo hacemos desde lo nuestro, la historieta.
    Carlos, bien que te extiendas. Blu, una amiga que sabe de cómo se lleva un blog, me recomendó no escribir tanto, pero yo tampoco puedo con mi genio y a veces le doy a la sin hueso virtual. La cosa es sentirnos a gusto, y somos breves o extensos según nos salga. La onda de la gente que llega a este blog es muy buena, disfrutémosla.
    Nicolás, bienvenido, qué bacán que Xime te haya traído. También creo que la calle, o los cerros, o la selva, tienen mucho que enseñarnos. ¡Vaya escenario el que tuviste para tus aventuras! Creo que un hospital psiquiátrico es un escenario privilegiado para contemplar nuestra naturaleza humana. A veces caminamos al borde de la llamada locura, cruzamos la línea, volvemos al lado de la llamada cordura. Entre uno y otro lugar, vamos creciendo y aprendiendo con ese medio (y fin) que dice Carlos el Baterillero.

  5. Yeeee! bienvenido Nico! jajaja

    Que fuerte la historia de Anita.. porfin descubrimos que paso con ella todos estos años pero siempre hay la luz al final del tunel y seguro que Titito es la mejor lucesita para un nuevo camino.

    En cuanto a lo de campo y ciudad.. creo que lo mejor es tener un adecuado balance de ambos “mundos”. Yo tengo la suerte de ser una serrana de nacimiento y corazón. La historia de migración de mi familia (Puno-Arequipa-Lima) me ha facilitado el poder regresar y poder COMPRENDER las diferentes logicas existentes y eso es algo invalorable.

    Lamentablemente estamos rodeados de personas que consideran que con la mera información academica o televisiva basta y el motor por preservar, conservar y valorar espacios distintos esta desapareciendo.

    Saludos domingueros 😀

    Ximena

  6. Durán

    “Conozco gente a la que le falta calle, y otros a los que les falta cerros.”
    Esa frase está para defenderla, como a toda buena idea. Resume mucho de este país dividido que algunos quisieran seguir viendo, irónicamente, a pesar de no tener cerro, como su chacra.
    Saludos.

  7. este post y los comentarios me dejan muy buena sensación. Es verdad que es tendencia de estos tiempos los textos cortos pero no se si sea buena tendencia…me lo dicen desde que estudio y siempre le pongo mala cara.
    Saludos de lunes en la mañanita con los pies descalzos sobre el piso frío.

  8. Silvia

    “Conozco gente a la que le falta calle, y otros a los que les falta cerros”, coincido con todos, cuanta verdad en esta frase. Y cuanto de nuestra historia reciente en el genial relato grafico sobre Anita. Juan, no te preocupes por la extension de tus escritos, el de ayer era extenso, pero no me detuve hasta el final. Saludos.

  9. Peter_Gabriel

    y ESA HERIDA ES INMENSA…. soy San marquino y este pasaje de la historia del Perú me trae muchos recuerdos…. desgraciadamente todos malos…. una amiga vivió en carne propia algo parecido a Anita…. se enamoró de una de estas personas equivocadas….. y pagó caro su enamoramiento….. en fin… cosas de las que no me quiero acordar pues me vi involucrado sentimentalmente….

  10. MARIA NELLY HARO MIÑANO

    Señor Juan por intermedio de l internet me he enterado de sus aventuras ocurridas en ese bello caserio de Chanchacap, lo cual demuestra su verdadero sentir y la riqueza cultural como parte de la identidad peruana.

  11. MARIA NELLY HARO MIÑANO

    Señor Juan, créame al leer su pàgina me siento transportada a ese lugar andino que se llama Chanchacap que es tierra de hombres y mujeres de gran coraje y mentes brillantes. Yo soy hija de un hombre maravilloso que ahora descansa en paz su nombre es Benigno Jesùs Haro Vereau. Hace dos años visitè Chanchacap para las fiestas patronales en honor a la Santìsima Virgen del Perpetuo Socorro. Le felicito por ser un ilustre escritor.

  12. MARIA NELLY HARO MIÑANO

    Señor Juan, cuanta verdad encierra la expresiòn le falta calle, le falta cerros, tiene un gran sentido filosòfico de la rutina diaria, yo me he dirigido a los alumnos del colegio en donde laboro con dichos tèrminos y ya lo escucho hablar a ellos y me siento halagada de que Usted lo haya difundido.Muchas gracias.

  13. Marco Zero One

    Joder..!! Yo de niño fui también a Chanchacap… Por linea materna mis parientes son de allá.

  14. María Nelly Haro Miñano

    Señor Juan, al dar lectura a sus vivencias de niñez, me hace recordar también a las mías ocurridas en esa prodigiosa tierra llamada CHANCHACAP, lugar de nacimiento de mi padre y de mis parientes de apellido Haro Vereau. También recuerdo a la Señorita Blanca Horna a quién conocí cuando visité esa inolvidable tierra del Perú y que ahora añoro regresar. Le felicito por ser tan ingenioso para escribir sus tiras cómicas con trasfondo social, sólo me queda expresarle mis deseos que Dios le bendiga siempre y mientras pueda visite a la linda tierra de su inspiración.

  15. María Nelly, con seguridad tus parientes Haro Vereau eran muy cercanos a mi papá, que era Acevedo Haro. Creo que estos apellidos y Horna y Carranza son lo que más había en Chanchacap, y después la mayoría emigró a Trujillo y Lima. Gracias por tu cariñoso saludo, ya sabes que aquí y en el Facebook puedes seguir al Cuy y a veces otras de mis historietas. Un gran abrazo

  16. Malu Bazán

    Muy bueno, los recuerdos de la infancia hacen volar nuestra imaginación a esos tiempos.

  17. María Rosa Haro B.

    Qué linda página que ha creado Sr. Acevedo. Quien le escribe es hija de quien fuera don Héctor Javier Haro Vereau, a quien recuerdo todos los días por todas sus buenas enseñanzas que nos inculcó desde niños. Por supuesto que conocí Chanchacap, linda tierra que mi padre se sentía orgulloso de haber nacido por allá,

  18. Hola María Rosa, bienvenida. Con seguridad, tu papá era primo de mi papá, Enrique Acevedo Haro, y los apellidos Haro y Vereau nos son muy familiares y cercanos. Un abrazo grande y ojalá un día nos reunamos a hablar de Chanchacap y nuestros parientes

  19. rositaharo@telefonica.net.pe

    Hola Enrique,
    Gracias por tu respuesta. He escuchado muchas veces el nombre de tu papá. Seguro que lo conocí de niña.
    Yo también espero que algún día te conozca.
    Recibe mis atentos saludos,
    Rosy Haro

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