Orígenes del Cuy (II)


Con la cuarta y quinta secuencia se completó la primera entrega del Cuy. En la 4, como ven, el Cuy reveló por primera vez su identidad a un tipo que, como el lector, no daba con ella. No son pocos los que me han dicho que ese dibujo les gusta más que el que obtuvo el Cuy conforme se afirmó en la tira. A mí también me gusta, es más suelto, tal vez más lírico, sin delimitar las viñetas y sin escenario.

Las reacciones no se hicieron esperar. El Cuy gustó. Sin embargo, un redactor de “La Calle”, cuya opinión yo apreciaba mucho, me dijo: “Oye, qué es eso del ‘Cuy’… Déjate de publicar huevadas”. Ahora nos reímos al recordarlo, pero en ese momento me afectó. Aquel periodista solía festejarme otros dibujos, pero no éste. Creo que él era más hincha de las estampas de humor gráfico que yo dibujaba en la revista “Marka”. El caso es que decidí no publicarlo en la siguiente semana, en que puse a otro dibujante del mundo. Entonces ocurrió el milagro: Hubo cartas y llamadas telefónicas a la Redacción, pidiendo que continuase el Cuy. No era lo usual. Tampoco diré que fueran muchas, pero fueron. En ese tiempo no había tanto lo que ahora se llama interacción.

La secuencia 6 ya es de la segunda entrega. En ella el Cuy ya no tiene pintas en el pelaje. Así ha de continuar hasta el final de esta serie, el 3 de marzo de 1980.

Tengo los originales con algunas anotaciones en el reverso, las que se hacían en la imprenta, y que sirven para ubicar la fecha de publicación. Me gustaría tener mi colección de “La Calle”, ojalá esté en una de esas cajas, para cotejar mis recuerdos y las pruebas de cada caso.

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