
Nunca me gustó la palabra operación. Me remitía a mi niñez, a esos ejercicios que se enseñaban en Matemáticas, curso en que nunca me fue bien.
Después, a la idea de que cortaran a una persona y que se trataba de algo peligroso. Desde luego entiendo que muchas operaciones quirúrgicas son necesarias y que la humanidad ha avanzado mucho con ellas, especialmente en estos tiempos de nuevas tecnologías al servicio de la ciencia. Pero, con todo, surge la sospecha ante el médico que me diga que lo que tengo se resuelve con una operación. Entonces voy con mis achaques a cuestas, sin operarme el cartílago aquel de la mano, pero es que ese pata al que llamo doctor está loco si cree que me voy a dejar cortar mi querida mano derecha por alguien como él que no sabe leer bien una resonancia magnética.
Operación Dragón es la película con Bruce Lee, tantas veces repetida en la tele, y como el Chavo, tantas veces vista. En ese caso, como en los que montan ciertos personajes de la política, se trata de operativos, más que de operaciones. En otros tiempos, yo aceptaba trabajos que hacía sacrificando mis horas de sueño y con mi gente querida. “Operativo comando”, me decía a mí mismo, y me lanzaba a cumplir el encargo como si se tratara de tomar un nido de ametralladoras. Ahora ya no, y lamento no ufanarme de que he madurado. Soy el necio trabajador de siempre, sólo que el cuerpo ya no me da para desvelarme. Ya me he matado bastante y aquí estoy, reviviendo con los comentarios que me dejan los visitantes y lectores de este blog, y con situaciones que alucino con cierta pata que yo me sé.



2 comentarios
Octubre 12, 2009 a las 3:00 pm
Asu madre ahora también hay chuponeadores en esta tira, solo falta un faenón…
Octubre 13, 2009 a las 10:51 am
Una cosa es madurar y otra es ser achacoso, pudoroso y chismoso como la Dora. Se supone que cuando somos “más grandes” ya no podemos fumar tronchos o ponernos pantalones al cuete, esas son huevadas. Aunque ya no fumo tronchos, tuavía tengo unas caderotas para enseñar. Queremos ROCK!!!!