
Vives en un mundo de fantasía. La frase podía ser de admiración o de crítica, según que ese mundo se entendiera como fantástico o de falto de realidad. La fantasía era lo ilusorio, lo imaginado, lo que sólo estaba en la cabeza de alguien. Si ese alguien era Walt Disney, fantasía podía ser una película famosa o el producto que se vendía por doquier en el planeta con la marca de aquel señor. Si ese alguien era una quinceañera, la fantasía solía ser un chico bien aspectado, un vestido nuevo y con brillitos, la felicidad ja ja, etc.
Aunque estamos lejos de ser Buenos Aires, los psicólogos han sentado sus reales entre nosotros y el término fantasía se ha convertido en algo analizable. Resulta entonces que las fantasías tienen muchos más vínculos con la realidad que lo que se pensaba. La relación entre la realidad y la “no realidad” deviene en nada fantástica y al mismo tiempo en fantástica, según la parquedad o la serenidad o el entusiasmo o el miedo con que se le mire.



1 comentario
Julio 14, 2009 a las 1:11 pm
Muy aguda tu reflexión, Juan, habida cuenta que nuestro dilecto conejo panzón sale orondo por los medios de comunicación anunciando a diestra y siniestra que nuestro país estará libre de pestes y crisis económicas; este señor nos está transmitiendo su esquizoide mundo a cada uno de nosotros para crearnos falsas ilusiones y en lo real tengas anomalías como un gabinete Sipán (¿qué culpa tienen los antiguos peruanos de las incapacidades de los actuales?) y la práctica libertad de una rata, para beneplácito de las ratas viejas que lo secundaron. Irrealidad, ¡cuántos crímenes se pueden cometer contigo!